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2 de julio de 2007





Las intermitentes lluvias de la ciudad crean superficies brillantes por donde los transeúntes como yo, saltamos o cruzamos con cuidado para no mojar los zapatos. Paraguas, botas de los jeans húmedas, converse mojados a los lados y las medias congeladas. Aunque cada día me cambie de ropa termino en los mismos colores y con la misma temperatura, un frío que empieza por los pies, las manos y la punta de la nariz. Cuando parece que la lluvia ya se ha alejado, los charcos empiezan a dejarse ver, hay de todo tipo y de estética extraña, pero cada uno quiere dejar, sin duda alguna, el rastro de una existencia azarosa, geométrica y vaporosa. Cada uno es lo que su entorno le permite ser, el charco bonito es el charco en el parque, porque la imagen que guarda en el agua es la de los árboles. El charco creído es el que por sorpresa cayó en una escultura de la calle, o el que se resguardó en alguna forma circular de una piedra. Tienen la suerte de estar limpios y de no ensuciarse con mis pisadas. El charco valiente es el que se formó después de haber recorrido metros y metros de calles descendentes, el pobre está sucio y no puede reflejar mucho pero es lo que su experiencia le otorga. El charco odioso es el que hiede a caño, está donde no debe estar, por pura terquedad. Nadie lo quiere ver y esto lo hace solitario. El charco que está ahí, ese es el más nocivo, es el que obstruye el paso de todos porque se esplaya por donde pasa más gente, donde es más complicado ver el piso. Como resultado tenemos muchos zapatos mojados, eventualmente resbaladas y un charco en perpetua agresión.
*Foto Flickr. miroir. De Anthony and cie

20 de junio de 2007

lo claro y lo borroso en la oscuridad






¿Quién me ha creado? La ciudad. Unos hombres que murieron; la vieja raza que una vez vivó aquí. La gente que los terrestres dejaron morir de un mal espantoso, una lepra incurable. Y los seres de esa vieja raza, soñando con la vuelta de los hombres construyeron esta ciudad. El nombre de esta ciudad ha sido y será Venganza, en el planeta de las Sombras, a orillas del mar de los Siglos, al pie de la montaña de la Muerte.


Ray Bradbury, La ciudad.

11 de junio de 2007

Un desencuentro con el cielo


Estoy cansado de vivir mojado. No tienen niguna consideración aquellas que me manipulan y me dejan esperando, ahí abierto frente al cielo, sin más ni más. Constantemente me resfrío y mis colores se van opacando con el tiempo, es injusto porque dejo de ser bello, me convierto en un ser gris que empata con los colores de ese cielo que siempre me recibe. Estoy aburrido de verlo gris a él también, no hace más que llorar y llorar, parece que no tiene nada que hacer. Siempre he tratado de hablarle pero él nunca me escucha, sólo me llora y me escupe. Un día pensé que al fin podía hablar con él, sus colores estaban cambiando, un color que nunca había percibido que por cierto hizo que mi cuerpo se secara inmediatamente. Ya casi no podía mantener los ojos abiertos pero tenía unas ganas insoportables de decirle todo lo que pensaba, que lo quería a pesar de que no hiciese más que escupir y llorar. El me hace feliz porque desde que salí de ese odioso lugar donde mis clones son aburridos porque piensan y se ven igual que yo, no hago más que estar con él. Lo quiero y es necesario que él se entere, pero tengo que esperar el momento oportuno. Ese día que pensé que podía hablar con él, ella, manipulándome a su antojo me transforma, me enrrolla y me mete en una bolsa. Una voz lejana dice "bueno parece que va a salir el sol, ¡siempre me encarto con este paraguas!" Así vivo en el tiempo y nunca he podido decírselo.
364 unbirthday presents: for humptydumpty.
*foto de flickr.com