
De cómo Sherezade me vuelve a salvar la vida.
Ondine, su mensajera.
Sherezade contó más de mil cuentos, me salvó de la muerte más no del amor. Se confundió, lo confundió y me confundió, haciéndome creer en la posibilidad de un final feliz, de un amor que por el contexto parece no poder ser. Ondine cambia de nombre, incluso de personalidad, pero siempre sale a trotar o a montar bicicleta. Escribe de los ecos y de los espacios que a mi me faltan, le da imagen a la ciudad de Bradbury o me contagia de fiebre los sábados, por no decir que me asusta con su peculiar forma de enviarme los mensajes que Sherezade no ha podido, o por no querer tomarse el café sin leche. A veces sin intentar ser, termina de explicar que es sentirse siendo alguien, más allá de ser ese nombre, esa fantástica interpretación o esa irreversible manera de sentirse inocua en lo cotidiano. Su Sherezade contemporánea quiere vengarse de un crimen y termina amando tormentosamente sin ser, mi sherezade aún no la encuentro por fuera, quizá porque ya me ha atrapado. Sólo quiero contar historias para salvarme de la muerte y para que me atrape el amor.
*foto flickr.miroir calamity+++

