27 de noviembre de 2011
26 de noviembre de 2011
La carrera décima
Sobre la carrera décima con carrera 20, los andenes acogen decenas de indigentes, quienes pasan la noche en uno de los sectores más inseguros del centro de Bogotá. El sol de la mañana cobija a estos personajes quienes parecen inmersos en un sueño profundo, mientras que una forzada indiferencia nos llena de frío a quienes pasamos por ahí. No sabemos por qué razón están ahí ni por cuáles circunstancias de la vida yo me lleno mi estómago todas las mañanas con una arepa y un juego de naranja fresco y ellos se llenan con el ediondo olor del bóxer. Justicia?

26 de octubre de 2010
9 de octubre de 2010
30 de septiembre de 2010
25 de septiembre de 2010
23 de septiembre de 2010
21 de septiembre de 2010
Relictos de un mercado
Érase una vez Betatonio. Érase una vez películas en beta y vhs. Luego, el grande Blockbuster llegó con luces hollywoodenses y películas de caja roja, las de estreno y sólo de una noche; las azules, de dos noche y los clasicos verdes, de tres noches. Empezaron las promociones, alquila 2, lleva 3 o alquila 3, lleva 5 y además paga 10 000 pesos y recibe un litro de helado de vainilla.
Aterrizaron los dvs y los quemadores. Ese día inició la agonía de las promociones de alquiler, de betatonio y de blockbuster. Los andenes de las calles se han plagado de películas de estreno, empacadas en bolsitas precarias con carátulas descoloridas. Por solo 2000 pesos evítese la ida al cine, la suscripción a una tienda de alquiler y vea lo último de cartelera en casa.
A pesar de este panorama desolador para la industria cinematográfica, aun quedan relictos de alquileres de peliculas originales en Bogotá. Hasta cuando?
Aterrizaron los dvs y los quemadores. Ese día inició la agonía de las promociones de alquiler, de betatonio y de blockbuster. Los andenes de las calles se han plagado de películas de estreno, empacadas en bolsitas precarias con carátulas descoloridas. Por solo 2000 pesos evítese la ida al cine, la suscripción a una tienda de alquiler y vea lo último de cartelera en casa.
A pesar de este panorama desolador para la industria cinematográfica, aun quedan relictos de alquileres de peliculas originales en Bogotá. Hasta cuando?
17 de septiembre de 2010
Camino al trabajo
La Barbie de Guernika, famosa pasteleria de la carrera decima con calle 21, mide un metro y diariamente luce un vestido y peinado diferentes. Le gusta usar atuendos flamenqueros y sonreir a las lindas obras de la carrera décima.
14 de septiembre de 2010
Peligro, excavación profunda - Trabajos interminables de la décima. Bogotá.
Tener cuidado con las excavaciones profundas, asegurar las paredes para evitar las remociones y sobre todo, use casco. Fase III Transmilenio.
11 de septiembre de 2010
Los silencios del bosque
La lluvia siempre llega después del almuerzo, viene con el calor de un postre con un café de campo. Eso es lo que ocurre con certeza en este lugar, el santuario de fauna y flora Otún Quimbaya. Son casi las tres de la tarde y ahora me refugio de la lluvia en un cuarto de una de las casas de esta zona cafetera, luego de una mañana en las entrañas del bosque subandino. Queria tomar fotos de aves en la madrugada pero realmente estaba tan a gusto entre las cobijas que preferí no salir de ahí. Salí a las 9, luego del desayuno, a caminar por el sendero "los bejucos", uno fácil de 50 minutos. Los movimientos del bosque poco a poco ocultaron mis pasos sobre el lodo y las hojas secas. Me dejé llevar por el camino, tanto que mi primer susto fue un sonido seco del movimiento de unas ramas, seguido por el relinchar de un ave. Era una pareja de pavas que, al oir mis pasos, reaccionó con alaridos alejándose de mi. Sólo vi el balanceo de las ramas.
Caminé más despacio, consciente del sonido de mis pisadas, así el bosque me dejó entrar en el. Escuché aves y bichos. Un pájaro barranquero fue la primera fotografía que tomé, tiene la cabeza azul metalizado y la cola dividida por dos líneas cuyo final tiene la forma de un diminuto abanico. Seguí avanzando, pensaba en las historias de Guido, un funcionario del santuario, quien me contó el día anterior que en los 14 años que lleva trabajando en el lugar, sólo había visto dos veces un puma. La verdad, me estremecía un poco la idea de saber si me iba a encontrar ese gran felino sola. Pero en realidad, los sonidos más fuertes eran siempre de pavas asustadas o bien de micos aulladores. Estos mamíferos aullan como si avisaran que es el fin del mundo. Se encuentran a lo alto de los yarumos y se desplazan en grupos donde un macho alfa manda la parada. Guido, quien me buscó al final del sendero, me explicó que el macho alfa organiza y controla todo movimiento del grupo. En las mañanas, el grupo se organiza en línea, separados por troncos y se disponen a hacer sus necesidades en las alturas de forma sincronizada. Cada grupo está compuesto por machos y sólo una hembra. Cuando un macho del grupo se quiere aparear, tiene que disputarse la hembra con el macho alfa. El que pierde tiene que abandonar el grupo y por lo general, va en busca de otra hembra que se roba de otro grupo para formar uno nuevo. Pero esto no es lo mas interesante de estos mamíferos. Resulta que si una cría se llega a caer de un árbol, el grupo espera que suba de nuevo y cuando los encuentra, la hembra lo coge a palazos con las ramas. El pobre, bien aporreado por la caída, tiene que aguantar el regaño de la madre, quien le recuerda que de la torpeza sólo queda el dolor.
Las aves de poca gracia y pequeñas cantan melodiosamente al bosque. Los sonidos más disonantes provienen de las aves más coloridas, esto me produce tanta gracia como el hecho de que las hembras son siempre las más feitas y simples, a diferencia de los machos, coloridos e imponentes. Guido me cuenta que las aves siempre están en pareja, macho y hembra, y si llegase a morir la hembra, el macho no busca una nueva y la muerte se lo lleva pronto..
Sigue lloviendo, de nuevo estoy dentro de las cobijas pasando la tarde y recordando mi clase de comportamiento animal.
6 de septiembre de 2010
25 de abril de 2010
The hole in my pillow y la memoria promiscua
Me he vuelto una perezosa para los oficios bloggeros y no es para menos, porque cuando haces carreras de velocidad, en los 100 metros sólo escuchas el disparo de la señal de salida, respiras dos veces y ya estás en la línea de la meta tratándo de bajarle la velocidad. Entonces en realidad no es pereza sino un sinfín de menesteres, a velocidad de 100 metros, mezclados con un poco de procastinación. Así han pasado los últimos 5 años de mi vida.
No menciono la velocidad por azar, es precisamente porque todo transcurre tan rápido que hoy domingo vuelvo a refugiarme en este espacio virtual, para recordar mi olvido. Me he dado la tarea de hacer una retrospección a causa de unos resaltos en la vía, por fortuna ho hay heridos graves. Me encontré con una cartulina gruesa, rígida y poco manipulable, una superposición de cartas de oficio, de papel reciclado, de recortes de periódicos y de fotografías. Todas estas láminas estaban unidas, tupidas y sin ninguna voluntad para dejar ver a su compañera. Sólo las más recientes dejaron ver su rostro. Busqué unas pinzas de laboratorio y en los buses que tomo hacia el trabajo, también en los almuerzos y en mis lecturas de Hector Abad y Murakami me he dedicado a despegar cada lámina de la cartulina y a descomponer eso que llaman m e m o r i a.
El gato me ha escuchado, se ha burlado y me ha acompañado entre cervezas y empanadas argentinas. Mr. Owen el memorioso (le ruego me disculpe porque aún no descubro su historia por completo) ha sacado balotas rojas de la bolsa, me advierte y se rie con Alicia porque ella es más necia que yo pero ambas corremos con muy buena suerte (aunque no se si Lewis Caroll hablaría de "suerte" o de un bondadoso azar... o ninguna de las anteriores). Al Orinoco le agradezco por dialogar con mis tripas, a mi cámara por mantenerme despierta y a Champourcín por ser el eco de la aventura.
Me quedan aún metros de láminas por explorar, pero esto es un buen chocolate y hay que disfrutarlo: si se come de un sólo bocado puede causar indigestión severa. He visto muchos rostros amables, que en muchas ocasiones me han abierto los brazos y me han dado un empujón en la carrera. Otros me han dado lecciones de vida, a pesar de que de vez en cuando me sienta tentada de caer en los mismos errores. Me pregunto a quién habré dado un empujón, a quién habré abierto los brazos y quién o quiénes me recordarán con la fuerza que yo los recuerdo ahora. No lo se con certeza. Creo que apoyarse en una velocista no debe ser muy buen negocio, al menos yo lo pensaría dos veces. Supongo que quienes siguen a mi lado lo están por algo más que un empujón que yo haya podido darles, pues no soy la única que se la pasa en carreras.
Mi recuerdo es de una identidad escurridiza, puede ser un lugar, un espacio con colores definidos y están acompañados siempre de un sentimiento en particular. Esto traído al presente se mezcla con la nostalgia, porque muchas veces queremos recordar lo bueno de haber sido/hecho/tenido o vivido. Es engorroso recordar los errores, es doloroso recordar que nos equivocamos y es mucho más fácil olvidar lo que no respalda el que queremos ser.
Hoy mi memoria es promiscua porque es explorada por los ojos de la niña del cambio climático, que también es Ana Bradbury, figuefresca, Caro, la del afro ochentero, la que tiene un geniecito templado, la que se ha equivocado. Mi identidad es tan sensible como la de un espejo de agua (en el que alguna vez Julieta escurrió sus zapatos, del charco que se formó desupés de un aguacero o de humedal que ha sobrevivido a las inclemencias del sistema climático).
The hole in my pillow era el título de mi antiguo blog, ahora lo he titulado "Memoria promiscua" para darle rienda suelta a la promiscuidad del recuerdo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)















